• Fernando Suarez

todo es una cuestión de energía

Nuestro cuerpo alberga una cantidad impensada de energía que se renueva constantemente. Pero hay factores que pueden bloquear dicha renovación, son pocos, pero muy efectivos: los nervios, las preocupaciones, las relaciones/personas tóxicas, la no aceptación de sí mismo, para citar algunos.


Cuando esa energía no se renueva, o mejor dicho, se gasta y se desperdicia sobre canales que no están hechos para ser alimentados por ella, nos sentiremos incapaces y sin fuerzas para realizar lo que deseamos. En teatro, esto se traduce en la incapacidad de representar/interpretar en las notas justas y adecuadas.


  • Para la interpretación necesitamos estar relajados. Nuestros músculos deben estar lo más distendidos posibles para poder reaccionar con fluidez y belleza a los movimientos que se les exigirán.

  • Nuestra mente debe estar libre de cualquier pensamiento invasivo o preocupación, dado que ello no forma parte del personaje, sino del actor/actriz en escena. Y esa diferencia el público sabrá notarla.

  • Por esto también es importante conocer el texto, aprenderlo a la perfección. Incluso la réplica de los otros también. De esta manera no existirá la preocupación mental de saber o no la réplica, o la parte que viene, etc.


Recién entonces, bajo esas condiciones, esta energía que alberga nuestro cuerpo podrá recorrer cada parte de nuestro aparato físico son ningún tipo de bloqueo. Podrá llevarse hacia cualquier punto, hacia cualquier intensidad, gracias a que los dos canales han sido liberados (tensión muscular y ocupación mental). A partir de ese momento podremos desempeñarnos con comodidad en nuestro rol, liberando el camino para el surgimiento del subconciente, ahí todo será magia.


Hay un ejercicio muy simple para saber si estamos desperdiciando nuestra energía: Concientizarse.


Si tu pierna se mueve sin parar cuando estás en reposo, concientízalo y cálmala. La energía se está yendo a través de ese movimiento.


Si sientes tensión en el cuello y en los hombros, detecta cuál es el peso que cargas y quítatelo de encima. No eres Jesús cargando la cruz.


Si tienes tensión en la mandíbula y un vacío en el esternón, concientízalo y dí lo que tienes que decir a quien corresponda, poco importa la forma. No patees al perro (no maltrates a quien no pueda defenderse).


Si alguien te dice que no sirves, que lo que haces no está bien sin ánimo de corregirte ni ayudarte a mejorar, si sientes una fuerza negativa cada vez que se dirige a tí, concientízalo y elimina a esa persona de tu vida (sí que puedes). Ok, voy a ser un poco menos radical. Si crees que no puedes eliminarla, enfréntala. Enójate, grita, hazlo como te salga. Si bien vas a invertir una gran cantidad de energía en ese enfrentamiento, al menos no estarás desperdiciándola. La clave es no volver atrás.


Si te rodeas de gente negativa que sólo te cuenta sus problemas sin solicitarte ayuda, elimínalas de tu círculo. No eres el cesto de basura de los otros.


Si no paras de pensar en bucle, concientízalo y distráete. Busca una actividad nueva, diferente. Ve a hacer deporte, aprende un nuevo idioma, inscríbete a teatro, o a pintura, o a música. Ocúpate. Concientiza que tu mente ha caído en una trampa temporal (pasada o futura), la actividad que realices te servirá para traerte nuevamente al presente.


Si tienes ganas de hacer algo por tí, hazlo. Es el mejor filtro. Te acompañarán aquellas personas que celebren tu acción, y se alejarán aquellas que no. Y cuando esas personas se alejen, sentirás que tu energía habrá crecido inmensamente. Ahora podrás aplicarla con mayor intensidad adonde te lo propongas.

© Fernando Suarez Teatro | Valencia, España | fernandosuarezteatro@gmail.com | Tel 644 522 421 | Todos los derechos reservados 2019/20

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