• Fernando Suarez

La actividad teatral para todo el mundo

He tenido la posibilidad única de nacer en un país en donde el teatro forma parte del programa de educación nacional. Esto quiere decir que, en algún momento de tu formación escolar, te enfrentarás a la asignatura teatro (o expresión corporal), como cualquier otra, ya sea matemáticas, lengua o una actividad deportiva. Luego, cuando uno decide anunciar al mundo que le gustaría dedicarse al teatro, todo se transforma en un escándalo, y lo primero que nos dicen es que intentemos encontrar un trabajo en serio. Extraño, ¿no es cierto?. Bueno, no es tan extraño para mí. Porque el teatro da miedo. Mucho miedo. Porque aprender teatro es descubrir, entre muchísimas otras cosas más, que es posible romper estructuras. Es descubrir que no sólo es posible, sino que es imperativo romperlas. Es aprender a deconstruir el rol que nos ha sido asignado, y que en paralelo nos fuimos creando a lo largo del tiempo a través de la imitación y el respeto a la jerarquía. Es aprender a cuestionar hasta aquello que consideramos más sagrado. Claro, eso y mucho más. Lo irónico del asunto es que a través del teatro, también vamos a aprender a deconstruir el miedo.

Bien, eso por un lado.

Por el otro lado, el teatro está mal visto también a causa de algunas personas encargadas de la transmisión de este arte, que lamentablemente sectarizan la enseñanza a través de la creación de estructuras cerradas y otorgamientos de títulos ilusorios, alegando que esto no es para cualquiera, y transformando así el placer de la creación artística viva en un producto comercializable. Todo apunta a hacerse famoso, a que la gente conozca nuestro rostro para salir en la televisión o en una serie de moda, y cuando nos damos cuenta de que ese objetivo es muy difícil de alcanzar, nos sentimos frustrados. Y la frustración es explotable.


Yo, personalmente, estoy harto de vivir en una sociedad de frustración y estoy harto de los explotadores. El problema es que estos dos elementos se retroalimentan.


Quiero transmitir el teatro para que encontremos una vez más el placer del juego, como lo hemos conocido otrora en la infancia, y esto no quiere decir retroceder, y aún menos este concepto tan desdichado de que un niño/a es un ser incompleto o estúpido o débil. Todo lo contrario, el adulto de hoy en día es un ser incompleto, estúpido y débil, que intenta esconderse a través de comportamientos automatizados para no tener que cuestionar nunca esa posición en la que "le tocó vivir".



Quiero transmitir el teatro para reencontrarnos con nuestro cuerpo. Para no tener más vergüenza de su forma por culpa de una estética de mierda, completamente distorsionada, que nos venden hoy en día. Quiero ver cuerpos que se muevan libres, cada uno con su propia belleza gracias a la diversidad.


Para que nos reconciliemos con el espacio a ocupar. Para que lo ocupemos.


Para que cambiemos la forma de andar, de hablar, de mirar.


Para redescubrir las palabras, la manera de combinarlas, y la comprensión del mundo y de las cosas que eso nos ofrece.


Para aprender otros idiomas. Para inventar nuevas lenguas y formas de comunicación.


Para maravillarnos con la creación e interpretación de otras vidas.


Para reir y para llorar, porque emocionarse es sano. Lo que no es sano es frustrarse, deprimirse, flagelarse o dejarse maltratar porque uno ha perdido la fuerza y la confianza necesaria en sí mismo para decir "basta", o "esto no está bien" o simplemente "no".


Tengo ganas de construir mi pedagogía y mis creaciones desde allí. Y voy a hacerlo.

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© Fernando Suarez Teatro | Valencia, España | fernandosuarezteatro@gmail.com | Tel 644 522 421 | Todos los derechos reservados 2019/20

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